Cuando el volcán estalla: 5 prácticos consejos para parar las rabietas.

En este artículo explicamos qué es una rabieta, cómo prevenirlas y qué hacer para pararlas.

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Las rabietas son muy habituales en la infancia, comienzan alrededor de los 12 o 18 meses de edad, empeoran entre los 2 y 3 años y posteriormente a partir de los 4 años van disminuyendo. Esto no significa que un niño de 6 u 8 años no pueda tener rabietas, es más, habrá momentos en los que seguramente las tenga.

El motivo de la rabieta está muy claro, es una conducta que se manifiesta con el fin de conseguir lo que se desea, ya sea no hacer una tarea o conseguir algo. Los padres y las madres deben hacer entender al peque que esta es una conducta inadecuada y que no le libra de sus obligaciones, por tener una rabieta los mayores no van a cambiar las reglas.

Debemos enseñar al niño que las rabietas no son eficaces para que cada vez las use con menos frecuencia. Tenemos que enseñar al peque que lo ideal es establecer una buena comunicación con los padres en los momentos de la rabieta, que se exprese, que explique qué siente y que sepa que hablándolo sin agitarse podrán entenderle sus padres. Es primordial que aprenda a utilizar otras formas para pedir las cosas y eso dependerá de nosotros y de la forma en la que se lo comuniquemos y tratemos a nuestro peque.

A continuación tenéis algunos consejos que os pueden ser útiles para afrontar las rabietas de vuestros hijos.

  1. Intentad razonar con el peque al principio de la rabieta cuando aun está en un estado en el que podamos hablar con él. Así podremos evitar que el peque se exalte más y finalizar con la rabieta de forma rápida.
  2. Si el peque no razona y ha llegado a un punto de agitación muy alto, lo mejor es seguir con lo que estuvieras haciendo pero sin ignorarlo. Debéis mostraros en desacuerdo con la actitud que está teniendo pero explicándole el porqué.

  3. Debéis esperar a que el llanto disminuya y decirle que cuando termine de llorar, podrá contaros lo que le pasa o lo que quiere con más tranquilidad. El peque debe entender que podréis hablar mejor si deja de llorar y está tranquilo porque con su rabieta no podemos comunicarnos bien. Nosotros debemos estar tranquilos y explicárselo pausadamente para que lo entienda bien, nada de gritos.

  4. Si la rabieta no disminuye, os aconsejamos llevarlo a otra habitación, y decirle que debe permanecer ahí unos minutos para calmarse y que ahora iremos a hablar con él (que no se sienta abandonado ante la rabieta), pero que debe tranquilizarse para que os podáis entender (debe darse cuenta de que, de esta forma, desaprobamos su comportamiento). Iremos a hablar con el peque, pero primero le dejaremos unos minutos solo para que pueda serenarse. Debemos dejar claro que no lo estamos abandonando en una habitación por su mal comportamiento, sino establecer esa habitación como el lugar donde vamos a tranquilizarnos y a hablar las cosas para solucionar lo que está pasando.

  1. Cuando la rabieta haya acabado, el peque debe ver que no estáis enfadados con él y que no le guardáis rencor. Que a pesar de la rabieta que ha tenido, le queréis. No debéis hacerle sentir culpable por haber tenido la rabieta. Es importante que una vez que vuestro hijo se haya calmado, se sienta cómodo con vosotros.

Con estos sencillos trucos podremos hacer desaparecer las temidas rabietas y tendremos una comunicación más efectiva y afectiva con nuestros peques.

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